lunes, 1 de junio de 2015

EL CAMINO DE LA GRACIA PARA TODOS

  
  
INDICE


1. Agradecimiento y Presentación

2. Introducción: El Camino de la Gracia para todos

3. La Gracia es la Ley del Camino

4. La libertad de ser  en el Camino

5. La locura de la Cruz y el escándalo de la Gracia

6. El Camino de la experiencia comunitaria según Jesús

7. El Encuentro en el Camino

8. El Camino vs. La institución    
                                                                                                                                             9. Conclusión: La Esperanza como Camino

10. Apéndice: El Evangelio en las Escrituras y las Escrituras en el Evangelio.



Agradecimiento y Afirmación de Propósitos de este Material  

Este material fue creado a partir de textos de mi pagina Web – www.caiofabio.net – y fue organizado por mi compañero del Camino, Marcelo Quintela, que es mentor espiritual de la Estación del Camino en Santos / SP. Por lo tanto, por encima de todo, quiero agradecer a Marcelo por haber organizado este trabajo, que esperamos sirva de base de conciencia para todos los que desean caminar junto con aquellos que entendieron el Evangelio como Comunidad en el Camino.


En El,




Presentación:

Antes de cualquier cosa quiero decir, en el nombre de Jesús, que siendo un pecador entre todos los pecadores de la Tierra, ni por eso puedo negar que Dios habita en mi y que de El recibo la Luz. Doy a conocer a mis amados hermanos que encontré y conozco a nuestro Señor Jesucristo—Dios Con Nosotros—, a Quien el Padre constituyó como mi Salvador por Su exclusiva Gracia, hoy y para siempre.
El contenido que sigue es una especie de “presentación” a los que llegan a las Estaciones del Camino de la Gracia. Es fruto de la necesidad de dar a conocer en lo que se fundamenta nuestra experiencia de fe personal y comunitaria en la Tierra, en la expectativa de  confrontar
mentalidades distorsionadas y generar alegría y fuerza en el corazón de quien ganó la convicción interior de la Buena Nueva en Cristo.


¡Buena Lectura!
      




INTRODUCCION: EL CAMINO DE LA GRACIA PARA TODOS


“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que el nos abrió a través del velo, esto es de su carne”  (Hebreos 10.19, 20)

La gracia de Dios en Cristo no se resume a una doctrina, no es una teología, no es un fundamento bíblico para ser asimilado intelectualmente, no es mera aglutinación de conocimiento teórico. No. Pensar en la Gracia como esas categorías nada traduce acerca del Evangelio. Hasta podemos conceptuar el Amor Incondicional de Dios, no obstante, ese amor solo será aprendido si fuere ¡experimentado!

Por consiguiente, la Gracia es don de Dios, recibida por la fe (que también es Gracia, pues es fruto del trabajo del Espíritu Santo en la conciencia humana), por la revelación de la Verdad, que es Cristo Jesús: el Cordero sacrificado en la eternidad por culpa de toda la creación, antes que hubiese mundo. El se manifestó através de Su encarnación, muerte, resurrección y ascensión encima de todas las cosas, y,  fue El quien estableció que: por Su Gracia se puede tener Vida, ¡tanto en esta existencia como en la Eternidad!

De ese modo, sépase que ¡la Gracia es todo y  todo es Gracia!

Ningún paso rumbo a cualquier madurez espiritual puede ser dado si no es en el camino de esa Gracia. Ya es evidente que la llamada vida “cristiana” que acontece fuera del piso de la Gracia de Dios solo genera dolencias espirituales, psicológicas y existenciales. Genera religión pero no sedimenta la paz de Dios. Genera mudanzas de comportamiento pero no renueva el hombre interior. Puede generar nuevos hábitos, pero no asegura un  nuevo corazón.

Paulo es el gran apóstol de la Gracia. De las 155 referencias del Nuevo Testamento a la gracia, 133 son de el. La Gracia abre sus epístolas, la Gracia las concluye, y la Gracia es la nota principal de todo entre el comienzo y el fin. El termino “gracia” proviene del latín “gratia” que es la traducción de “karis”, en griego, que significa graciosidad, benevolencia, favor o bondad. Pablo coloca charis con el significado de favor libremente concedido. Empleando el termino especialmente para referirse a lo que Dios hizo por nosotros en Jesucristo y por medio de el. Podríamos decir que la gracia es el amor de Dios actuando en nuestro favor, dándonos libremente su perdón y su aceptación, de una vez por todas.

“Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia”  Romanos 5.20


“…Porque por  gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2.8, 9);

La Gracia y solamente la Gracia Es y será siempre la base de nuestra relación con Dios. Todavía, los cristianos se convierten un día a Jesús y en el día siguiente se creen responsables ellos solos por las transformaciones  que juzgan ser consecuencia de esa conversión. A eso lo llaman de Santidad personal.

Pero, santidad personal es fruto de la entrega al Amor Incondicional del Padre y no una base nueva. Si hay Gracia, entonces, también hay santidad, que es fruto del Espíritu en nosotros: “Digo, pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”.

No hay cualquier nueva base de crecimiento sobre la cual se construye una vida espiritual victoriosa, pues tal esfuerzo produce la obsesión de vencer por cuenta propia “el pecado que habita en mi”, según Pablo. Entonces la certeza de la culpa nos acuesta en los brazos del pecado. Y al no poder salir de ese ciclo infeliz el cristiano opta por la hipocresía en el círculo “santo”, opta por la exhibición para sobresalir en ese medio, y prefiere obedecer una lista de reglas de comportamiento para que quede en “regla” con su conciencia religiosa, que es pagana, infantil, orgullosa y meritoria, por ser toda fundamentada en Justicia Propia.

La ley de la Gracia invierte los polos de la Ética Religiosa: es el Descanso de la Fe que desemboca en la Obediencia Amorosa y no la obediencia que genera descanso. Tal obediencia a Deus se expresa como respuesta de gratitud de aquel que recibió conciencia del amor de Dios: “Quien me ama, guarda mis mandamientos; así como yo amo al Padre y guardo Sus mandamientos. Y los mandamientos, son uno: que os améis unos a los otros así como  yo los amé.”

Una vez interiorizada, la Conversión remueve una montaña sin fin de culpas que fueron abolidas en Cristo; no solamente las culpas como consecuencia de las acciones practicadas, así como la culpa propia de mi esencialidad, porque yo soy un pecador por naturaleza. Siendo así, el Pecado que está abolido es lo que yo soy y no lo que yo hago, e incluso aquellas cosas que yo hago cuando cargo mas culpa de ellas, menguan su poder destructivo sobre mi hasta que se ¡terminan! No obstante, esa inclinación del espíritu solo se inicia cuando la persona se encuentra en ¡paz! Sin el peso de la condenación, las compulsiones comienzan a mudar de inclinación, surgiendo -por la confianza, que viene de la certeza en fe de que todo está pagado – otra propensión, que solo se alcanza cuando se cree que la condenación acabó para siempre en la Cruz de Cristo.

De esta forma, la santidad es resultado de sentirse en paz en la Gracia cuando entiendo por la FE que lo que soy en Cristo es lo que vale; esto para que yo pueda ir siendo…a medida que crezco. Por consiguiente, santificación es el sobrenombre del crecimiento de la conciencia en la Gracia dentro de nosotros.

¿Por qué eso parece diferente de lo que llamamos santidad en el medio cristiano?

Porque nuestra visión de santificación no es bíblica sino pagana y llena de justicia propia. Si, lo que llamamos de santificación es exactamente aquello que los fariseos enseñaban: ser celoso de la ley o de lista basada en apariencias y esfuerzos propios. “Santo” para Jesús es aquel que no juzga el prójimo; que anda más de una milla con el enemigo; que da la capa para cubrir al adversario del frío; que no pasa de largo cuando ve un hombre caído en el camino; que da agua con amor a los hermanos… como si fuese el propio Jesús quien bebiese; que viste al desnudo, abriga al huérfano; acoge al desamparado; abre el alma al hambriento y no se esconde de su semejante. 

Si, para el, el santo es quien cree; es quien busca la verdad y la humildad.

Santidad, para Jesús es simplicidad  y gratitud. Y, conforme a Jesús, el santo es alguien libre para amar... Cuanto más santo se es, tanto mas cerca del prójimo se queda y menos egoísta se hace el Ser. ¿Por qué? Bueno, porque aumentando la conciencia en la Gracia, aumenta en aquel que recibió la Gracia, la voluntad de conceder Gracia.

Es así, la Gracia  obra la Ley del Amor: quien recibió perdón, perdona, quien recibió gracia, derrama gracia, quien no fue juzgado, porque Jesús fue juzgado en su lugar, ese tal no juzga: “Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”


LA LIBERTAD DE “SER” EN EL CAMINO


“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”

La Gracia es la invitación de Dios para que crezcamos como gente aun en esta vida. A ver, cuando mis hijos eran chicos, yo los trataba con ley, aunque la gracia del amor fuese la razón de las reglas. Pero, a medida que fueron creciendo e iba llegando el tiempo de los ritos de transición –cuando para cada uno de ellos era implícito que el tiempo de la “tutela paterna” estaba cesando - los fui dejando mas libres, en virtud de que la estación de la “conciencia propia” estaba lista para abrirse en frutos de auto comprensión.

Paulo dice que la Ley fue un tutor, un esclavo al servicio de la infantilidad de la conciencia.

Sin embargo, cuando vino la “plenitud de los tiempos” —la edad para ser adulto—, Dios envió a su Hijo, y nos dio la Nueva Alianza, la del evangelio de la Gracia; a fin de que dejásemos de ser niños en estado de incapacidad necesitando de tutela permanente, y nos tornemos hombres con conciencia propia. Esa es la Voluntad de Dios: ¡“hacernos conforme a Su Hijo Jesucristo”!

Si es así, el gran “problema” de la Gracia es la libertad que genera. Y libertad da pavor, nos deja sin piso, da vértigo en el alma. Nadie quiere libertad, porque ella nos obliga a andar con las propias piernas, nos concede la bendición de pensar, sentir, discernir y de juzgarnos, haciéndonos profundamente auto concientes.
Conciencia presupone la preexistencia de libertad, y, esta solo se manifiesta en plenitud cuando está debajo de la Gracia, pues es solamente en ella que se pierde el miedo de ser, ya que sea lo que fuere, ¡“ninguna condenación hay”!

El problema es que la mayoría de las personas piensa que la libertad induce al error. ¡Ningún error podría ser mayor! ¡La  Gracia no es compatible con la entrega de la vida a la práctica del pecado y de la iniquidad! Libertad y Santidad no son antagónicas:

¿“Perseveraremos en el pecado para que la Gracia abunde?

Santidad es saber vivir todas las cosas licitas, teniendo el discernimiento de saber lo que conviene y lo que edifica. El santo vivirá por la fe. O sea: en confianza no  en si mismo, sino en la Gracia. Y toda conquista interior que le venga, no es merito, sino de la Gracia de Dios sobre el. Y sobre tales conquistas el no se queda alardeando con la boca, visto que, si son verdaderas, ellas serán percibidas por el fruto de la vida, en amor y misericordia.

Por lo tanto, el camino de la Gracia no abre  espacio al libertinaje, tan solamente el de la libertad de ser, sin los miedos que son resultado de las neurosis provocadas por la Ley o por las listas religiosas de –puedes-y-no-puedes.

Lo que los cristianos necesitan saber es que No hay mejor lugar para conocer nuestra propia verdad a no ser en el suelo de la Gracia de Dios, donde ¡no hay mas condenación para los que están en Cristo Jesús! Hay solamente ¡aceptación y renovación! Primero, se percibe tal cual es; después el Espíritu promueve sus frutos en nosotros, llenando la vida de paz, alegría y amor.

Sin embargo, como paradoja, los creyentes tienen miedo de verse como gente. Desde ese punto en adelante, la mayoría de los cristianos confunde descanso y pacificación con el vagabundear existencial. Crecer en entendimiento y experiencia de la Gracia de Dios en la presente existencia, nos demanda esfuerzo, compromiso, y busca disciplinada de desarrollo interior, que es fruto del auto examen y del auto discernimiento, tarea que seria insoportable sin un corazón pacificado por la Gracia.

Entonces, para corresponder cuanto antes a la norma masificada, la gente hace artificial el mover de Dios, obrando en si mismas una “transformación de ocasión”, una conversión para fines eclesiásticos, una supresión de todo lo que choca la religión, una espiritualidad “de fachada”, pero, compatible con el promedio comunitario.

Esa falsificación del lavar regenerador y renovador del Espíritu se encarga de instituir mudanzas para fuera del ser, exclusivamente de comportamiento, basadas en el hacer, y medidas por el desempeño, sin su correspondiente interior de crecimiento en la Gracia y en la Verdad. Es la higuera sin frutos, pero adornada de follaje, que camuflan la desnudez propia del otoño de la vida.

Sin embargo cuando el ciudadano se ve así, habiendo Dios  –en Su misericordia – permitido que el  caiga en si y, finalmente, mirase para dentro, entonces lo que pasa es que el no se reconoce, y ¡se asusta, se escandaliza, se choca, se culpa, se penitencia! No sabe porque “después de tanto tiempo de evangelio” lo  que habita su interior son las mismas rabias, angustias y esclavitudes de una vez, mas travestidas de “santidad exterior”; existen los mismos animales vociferando rencores y prejuicios, solo que ahora legitimados por la interpretación adaptada de la Biblia, que nos da a entender que somos seres superiores, triunfalistas, una raza llena de meritos en ser santa, un pueblo que se “¡cree”! por ser designado de propiedad exclusiva de Dios, sin cualquier comprensión, en que dicha elección, ella es fruto de Gracia pura, es anterior a nosotros mismos, siendo anterior a cualquier cosa que hubimos hecho o dejamos de hacer, es anterior, incluso, a nuestro propio nacimiento. Mejor dicho, todo eso es designio de Dios desde antes de la fundación del mundo, cuando el Cordero fue inmolado para redención de todo ser creado.

Por consiguiente, en el Camino de la Gracia, no llevamos ilusiones…no estamos esperando que nadie se transforme en ángel, que nadie levite a 10 cm. del suelo ni que sea llevado por el carruaje de fuego de la santidad que  ya no consigue vivir en el mundo. Al contrario, puedo afirmar que mi esfuerzo personal es en la tentativa de no sorprenderme con nada más ya que no hay nada que usted haya hecho que, al menos, potencialmente, no exista también en  mí. No tratamos con robots, ni con súper creyentes ufanos ni tampoco nos interesamos por comportamientos rendidores solo para dar la sensación de que todo está bajo control en la comunidad “vigilada”.

Ante eso, queda aquí declarado: Está suspendido mi derecho de escandalizarme con cualquier cosa que sea cierto sobre ti. Prefiero caminar contigo a partir de tus luchas y temores en lugar de fingir que no traemos esas cosas embutidas en el núcleo de nuestras tribulaciones y dramas de la vida.

El Camino, por lo tanto, está abierto a todos: Somos “deudores”  a hombres, mujeres, adolescentes y jóvenes de todas las tribus; prostitutas, homosexuales, bisexuales y transexuales; cobradores de impuestos, empresarios, estudiantes, políticos y dueñas de casa, ateos, católicos, espiritistas y esotéricos, ricos y pobres, intelectuales e ignorantes, casados, descasados, solteros, amancebados, juntos, separados, divorciados, viudos… Y a todos los que se encuentran careciendo de la Gloria de Dios porque no conocen en sus corazones la conversión que el Evangelio realiza por medio de la fe, a través de la Gracia de Nuestro Señor Jesucristo – ¡único mediador entre Dios y los hombres!


LA LOCURA DE LA CRUZ Y EL ESCANDALO DE LA GRACIA – PARA LOS CRISTIANOS

¡La Gracia es hoy el más escandaloso de todos los mensajes cristianos! Sin embargo, el único mensaje que existe en Jesús es acerca de la Gracia eterna de Dios. Y la locura de la Cruz no debería ser loca para nosotros ni fuente de escándalo, ya que el mensaje de la Gracia es toda la enseñanza de la vida de Jesús. ¡Es la Buena Nueva! ¡Es el espíritu del Evangelio! De ese mensaje vienen todos los otros, pues toda manifestación  cristiana verdadera sobre la Tierra es la demostración práctica del amor de Dios sobre los hombres. Si el amor es el mensaje ético por excelencia, vivirlo solo será, de hecho, posible por medio de la conversión a la Gracia, en la cual nosotros respondemos con amor a Aquel que nos amó primero y de forma absoluta e incondicional. No hay Amor sin Gracia. No hay Gracia sin entrega al amor. !Dios es amor! Y amor es el fruto de la actuación del Espíritu de la Gracia en nosotros.

Sin embargo, increíblemente nos parece rara la Gracia de Jesús, nos asustamos con ella. Digo eso refiriéndome a los cristianos, de cualquier vena del Cristianismo.

Y no habiendo entrega radical a la Gracia, pasamos a aceptar pasivamente y a tragar todo lo que lleva la nomenclatura cristiana, aunque de Cristo poco tenga, visto haberse negociado a Este que es el contenido más intrínseco del Mensaje.
¿Quien, sinceramente no se da cuenta que nosotros, cristianos – somos hoy, en la mayor parte de los casos, la repetición de los mismos contenidos contra los cuales Jesús, los profetas del Antiguo Testamento, Pablo, los apóstoles y la Palabra  se levantan en las Escrituras?

¡Hoy las personas se convierten a la “iglesia”, no a Cristo! Es por esta razón que los contenidos del Evangelio de Jesús están tan adulterados entre nosotros. Y peor: parecemos estar con los sentidos embotados para esta percepción, de modo que lo que hoy se ve es una caricaturización de Jesús. El Jesús que nos fue presentado es un “arreglo” del Jesús de la “iglesia”, el cual es moldeado para que “parezca”  con el grupo religioso al cual la persona pertenece. Por lo tanto, el Jesús de la fe de la “iglesia”, en la mayoría de las veces, es una fabricación hecha para validar las tesis del grupo. Y tal Jesús, no hace nada de bueno o de malo que cualquier otra condición mental, psicológica y cultural también no realice…La lectura del Evangelio que hacemos es una “adaptación”. Y es también  en “un Jesús de tercera o cuarta mano” que cree la mayoría de las personas.

Puedo afirmar, con convicción y tristeza, que en la iglesia evangélica actual, primero el individuo tiene que ser salvo del “Jesús inventado”… Primero precisa ser salvo del Jesús de los evangélicos a fin de conocer al Jesús del Evangelio.

¿Es un exagero tal deducción? Entonces, permítase una reflexión honesta. ¿Y si Pablo estuviese presente en un año electoral en Brasil? ¿Si viere y supiere de todas las negociaciones de almas-votos que son hechas en el Nombre de Jesús? ¿Y si mirare por la televisión la venta de todos los significados cristianos en objetos de energía espiritual pagana? ¿Y si visitare una “iglesia” y viere filas de personas para andar sobre sal grueso, o para zambullir  en aguas tonificadas del Jordán y a pasar por la Cruz de Jesús a fin de ganar un automóvil cero kilómetro como pago por su creencia? ¿Y si el supiere ahora que la fe es un sacrificio que se expresa en diezmos, como cambio de bendiciones por dinero, de sanidad por el sacrificio de largas novenas y corrientes, que solo no son “quebradas” si la persona no les afloja siempre algún dinero en el altar-bolsillo de los pastores? Lo que repugnaría a Pablo, todavía, sería ver pastores ofreciendo la “sangre del Cordero” –en cuyo caso es un jugo de uva  — y, según el anuncio, la persona debe ir al templo y llevar para casa la “sangre del Cordero” a fin de ungir la casa de atrás para adelante y adelante para atrás. La “Sangre del Cordero” no es más que lo que Jesús hizo en la Cruz, pero, pasó a ser un fetiche, una regresión al paganismo mas primitivo, una mágica de brujos, una blasfemia, una estafa satánica  de los símbolos de una Verdad con la cual no se juega impunemente.

De ese modo, Pablo vería atónito el regreso de la fe evangélica a los tiempos de los cultos a Baal, a las imágenes de escultura, a un tiempo donde ni sombra aun había de las sombras de las cosas que estaban por venir —cosas que, incluso, perdieron la simbolización por causa de ¡Jesús haber sido el cumplimiento de todas ellas!
¡La carta a los Hebreos fue escrita por mucho menos! El escritor de Hebreos diría que están jugando con fuego ardiente y consumidor y crucificando al Hijo de Dios no apenas por segunda vez, y sí todos los días  —haciendo de Jesús un producto de negocio, haciendo que, de lo que fue hecho por El, de Gracia y de una vez y para siempre, ¡sea algo a ser vendido por  los vendedores ambulantes del engaño, en repetidos sacrificios!

Dios mío, ¿!y si… Pablo viere!? Si, ¿si Pablo nos visitare? ¿Qué epístola nos escribiría?

Ser evangélico para Pablo significaba tener compromiso de fe y vida con el Evangelio de Jesús. Hoy, ser “evangélico” es pertenecer a una “iglesia”, una institución religiosa que robó el derecho de autor del término y se utiliza de el practicando una terrible “estafa” simbólica.

Hoy, de manera general, cuando un evangélico “evangeliza”, lo hace a fin de que la “iglesia” crezca como poder visible. O sea: “evangelización” significa crecimiento numérico bajo el pretexto de salvar almas del infierno.
Cuando Pablo evangelizaba, significaba llevar personas a la conciencia de la Gracia salvadora de Jesús y de la posibilidad de la experiencia de la libertad-salvadora, tanto en la vida personal como en comunidad. Por lo tanto, el resultado no es el surgimiento de un número mas para las estadísticas celestiales, mas ¡una nueva criatura que el Espíritu de la Gracia, en Cristo, hace nacer en el  Nuevo Hombre!

De ese modo, si Pablo estuviere vivo hoy, probablemente, el nos diría que ¡nosotros aun no somos convertidos, pues, volvimos atrás, y adherimos a los contenidos que niegan la Cruz de Cristo!

La doctrina del Purgatorio es una verdad existencial para todos los cristianos — ¡incluyendo protestantes y evangélicos! Y ¿por que? Ahora pues, de entrada decimos a nosotros mismos que somos “salvos” por la Gracia. De ahí en más, somos “santificados” por la Ley. Pero, tal “santificación” anula la Gracia, según Gálatas 2.21, “pues si por la Ley fuese la justicia, ¡entonces por demás murió Cristo! Como “y si por GRACIA, ya no es por obras, de otra manera la GRACIA  ya no es GRACIA, (Romanos 11.6); entonces, quedamos en un purgatorio existencial sobre la Tierra, porque, ni nos convertimos en hijos de la Gracia toda la vida ni nos entregamos a los rigores de la Ley con honestidad. De tal modo, no disfrutamos ni la salud y ni la paz que viene de la Gracia y tampoco, conseguimos vivir por la Ley. O sea, vivimos en permanente estado de transgresión y culpa. Y cuanto más existimos en ese “purgatorio”, más orgullosos, rabiosos, arrogantes y malhumorados nos tornamos, porque, en  el corazón tenemos conciencia de que no somos ni una cosa ni la otra: ni Gente de la Gracia y tampoco el Pueblo de la Ley.
Entonces, nos tornamos en ¡enfermos que ofrecen sanidad! ¡Nuestro Cristianismo no se ve, no lleva ni  los contenidos del Evangelio y tampoco se parece con Jesús!

Jesús no vino al mundo para crear un Circo, en algunos casos; una Penitenciaría, como en otros; un Estado Soberano, como el Vaticano Católico y los “vaticanitos” de otros grupos cristianos; y ni tampoco, un Hospicio, ¡como sucede en muchos casos!

En Cristo no tenemos que ser preacondicionados por nada que no sea el fundamento de los Apóstoles
Y los Profetas, cuya Piedra Angular responde por el nombre histórico de Jesús, de Nazaret.

En cuanto a la iglesia cristiana, sabemos que ella no dejará de crecer en número y en poder terreno. ¡No! Sus templos estarán llenos y su fervor religioso puede incluso aumentar, pero sépase que ese Cristianismo nuestro no tendrá ningún mensaje del Evangelio a predicar a las próximas generaciones (con sus complejidades psicológicas y espirituales), a menos que se convierta radicalmente a la Gracia   (no como una doctrina-teológica-moral), si no ¡como la esencia de nuestra relación con Dios, con el prójimo y con nuestro propio ser!

Nuestra esperanza es la posibilidad de El, generar conciencias liberadas del miedo de ser, pudiendo experimentar
la Gracia de vivir en Cristo, sin los temores que hoy son tan bien administrados por la “iglesia”, en su obsesión de ser la “conquistadora” del mundo y de sus poderes — incluyendo almas humanas — aunque no ayude a las personas a tener un alma para gozar la vida en Dios y Dios en la vida, ¡aun en la Tierra!

EL CAMINO DE
LA EXPERIENCIA EN COMUNIDAD, SEGUN JESUS 

El término EKKLESIA sintetiza de forma impresionante el ser Iglesia: Son los llamados para afuera. Sin embargo, en la historia cristiana preponderó el camino inverso, aquel que torna los discípulos en gente “llamada para adentro”, para dejar el mundo, para solo considerar hermanos a los miembros del “club santo”, y a no buscar relaciones fuera de tal ambiente. Y en ese contexto, irónicamente, pasamos a experimentar una existencia cada vez menos interiorizada, cada vez menos atenta para lo que se pasa en lo íntimo, y cada vez  menos reflexiva.

Mas, leyendo el evangelio, es difícil concebir que Jesús soñase con aquello que después llamamos de “iglesia”.

¿Quien puede oír la enseñanza de Jesús, con toda su desinstalación, con toda su movilidad, con todo el énfasis en la igualdad de todos, con toda denuncia a los poderes religiosos, y con toda  pertinencia a la vida —fuese para curar la mente, el cuerpo o el espíritu; fuese para anunciar la destrucción  del Templo como lugar de Dios; fuese para “beatificar” samaritanos y “demonizar” religiosos sin corazón —;y, aun así, imaginar que Jesús tiene algo que ver con lo que llamamos de “iglesia”, sea aquella que se abriga en el Vaticano o sean aquellas que tienen tantas filiales como pastores, obispos y apóstoles megalómanos existieren?

No se ve a Jesús tratando de crear una comunidad fija y cerrada, como también no percibo en Su espíritu cualquier interés en ese tipo de reclusión  comunitaria.
Iglesia, de acuerdo con Jesús, es comunión de dos o tres... en Su Nombre… y en cualquier lugar…Iglesia, de acuerdo con Jesús, es algo que sucede como encuentro con Dios, con el prójimo y con la vida… en el “camino” del Camino.

Para Jesús el lugar donde mejor y más propiamente se debe buscar al discípulo es en las puertas del infierno, ¡en medio del mundo! En ese Camino, las mayores demostraciones de fe vienen de afuera de la religión. Se ve que tanto “villanos arrepentidos” cuanto “reos confesos” pueden encontrar su reposo. Por lo tanto, Sus discípulos son entrenados a esparcir semillas,  salar, a llevar amor, a caminar en bondad, y a sobrevivir con dignidad en el camino, con todos sus peligros y posibilidades (Lucas 10). Con demonios, tempestades, intereses creados, certezas satánicas, exagero innecesarios, familiares en pánico, miedo de traicionar, frágiles certezas de jamás traicionar, traición explícita, ¡negación y muerte!

Sin embargo, más allá de todo eso, se ve que en el Camino, cesan los vientos, se ablandan las ondas, se relativizan las Leyes fijas del universo, los demonios saben quien es El y ¡quien somos en El!

Jesús es el Camino en movimiento en los caminos de la existencia. Y sus discípulos son acompañantes sin jerarquía entre ellos. En lo demás,... existen las multitudes..., las cuales Jesús organiza apenas una vez, y esto,  con el fin de multiplicar panes. En lo que resta…ellas vienen y van… se quedan o no…vuelven o nunca mas aparecen…les gusta o se escandalizan…se maravillan o les parece duro el discurso…. Pero, Jesús no hizo nada para cambiar esto. El apenas sigue y enseña la Palabra, mientras sana a los que encuentra.

¡No! Jesús no pretendía que Sus discípulos fuesen mas hermanos entre si mas que todos los hombres.

¡No! Jesús no esperaba que la sal de la tierra sea confinada a cuatro dignas paredes de un Salero Comunitario.
 ¡No! Jesús no desea sacar a nadie del mundo, de la vida, de la sociedad, de la tierra… mas apenas desea que seamos libres del mal.

 ¡No! Jesús no dice “Yo soy el Club,
la Doctrina y la Iglesia; y nadie viene al Padre sino por mi”

Así, en la iglesia de los llamados para afuera, se camina y se encuentra con el hermano de fe y también con el prójimo que no tiene fe… y todos son tratados con amor y simplicidad.

En Jesús, el discípulo es apenas un hombre que ganó el entendimiento del Reino y vive como su ciudadano, no en una “comunidad paralela”, más,  en el mundo real.


EL MODELO DEL CAMINO

¿Que es, entonces, que el Señor tenia en mente cuando dijo a sus discípulos que permaneciesen en Jerusalén hasta que de lo alto fuesen revestidos de poder?

Lo que sé es que Jesús esperaba que todo lo que El había dicho antes acerca de cómo se debería proceder, de ciudad en ciudad, fuese ahora vivido como una acción continua, en influjo, sin interrupción, en un vaivén constante, y como un poder que nunca tuviese un trono, ni una ciudad santa, ni un vaticano.

Lo que los cristianos necesitan saber es que Jesús no era cristiano, y que tampoco quiso fundar el Cristianismo, ni siquiera tuvo interés en algo que se asemejase a la civilización cristiana, conforme nosotros la conocemos del 332 de nuestra era hasta hoy.

Jesús creo el camino de la fe en la gracia y en el amor de Dios, lo que debería ser algo libre como el viento, y vivo y móvil como el agua, algo muy, pero muy lejos de ser una propuesta religiosa.

Todo lo que Jesús quería era que los discípulos continuasen siendo discípulos, y que los apóstoles fuesen los siervos de todos; sin que nadie sea mayor, ni mucho menos, un lugar más santo o un centro de poder.

Jesús esperaba que el poder del Espíritu los hiciere salir sin asombro por el mundo, predicando
la Palabra de la Buena Nueva, enseñando con simpleza  a los discípulos a pertenecer a Jesús y sus propias casas y culturas. De ese modo, se tendría siempre un movimiento hebreo, creciente, progresivo, libre, guiado por el Espíritu y completamente semejante a lo que ellos habían vivido con Jesús durante el Camino, en aquellos tres años de camino que construyeron el Evangelio al aire libre, en las playas de Galilea, en los desiertos de Judea, en los pasajes por Samaria, en las tierras de Decápolis y en los confines de la Tierra.
 
Alguien, con razón, diría que tal proyecto no sería posible, ya que nadie consigue vivir sin un centro de poder. Sin embargo, parece que aun no se discernió que la invitación de Jesús es contraria a toda lógica de poder, y no propone nada que no sea Hoy, y que no obliga a nadie a pavimentar el futuro de Dios en la Tierra mediante la construcción de alguna cosa duradera.

Para Jesús, lo duradero era justamente aquello que no se podría agarrar, ni fijar, ni puntuar, ni ser objeto de visitas turísticas, dada su transitoriedad  en un suelo marcado por las orinas de los mandamases. El esperaba que los discípulos fuesen como el Maestro, y que aquellos años de Camino no quedasen cristalizados en las páginas de los registros de los evangelios, más que se tornasen un modo de ser de sus discípulos.

El poder de los discípulos, paradójicamente, está en no tener poder. Y la invitación para que se muera a fin de que se tenga vida, es también válida para la iglesia, que – al contrario del discípulo – quiere mandar en la vida, y controlar a los hombres y el mundo. Así, pretendiendo salvar su vida en este mundo, la iglesia no solo pierde su propia vida, mas, deja de ganar el mundo.

Lo que Jesús quería era una multitud de seres que sean sal y luz esparciéndose sobre la tierra, disolviéndose en sabores y luces que solo se experimentarían, pero que jamás se tornare una Salitrera o una Usina de luz cristiana, a ser visitadas por los curiosos.

El reino es como el fermento escondido...hasta que se impregna en toda la masa humana....sin nadie saber como...y sin que nadie pueda dar gloria a nadie más, a no ser al Padre que está en los cielos.

A propósito, la propuesta de Jesús es tan extraordinaria, que la voluntad de aparecer no puede resistirla. La sal, por ejemplo, fue usada por Jesús como metáfora de esa “desaparición” de la iglesia en la tierra.
Todo lo que a El  asocia  a la metáfora de la sal es al sabor, y nada más. La sal tiene que tener sabor, sino ya no sirve para nada. Y para que la sal  sale y de sabor, de hecho, tiene que disolverse en los elementos que reciben su beneficio. La sal solo sala cuando muere como sal visible y se torna apenas gusto, presencia, condimento, realidad y beneficio, aunque nadie pueda decir donde está, pudiendo apenas decir: está en la cacerola. ¿Dónde más?

Ya la luz del mundo — ¡sois vosotros! —, debería ser la acción continua de la bondad y de la misericordia, de modo discreto, pero pleno de efectividad; de tal modo que los “de afuera”, que al recibir los beneficios de la luz, pueden discernirla como buenas obras, y así, ellos mismos, agradecen a Dios por los hijos de la misericordia que El esparció por la tierra.

Lo que Jesús propone como simplicidad total, sin embargo, luego dio lugar a las complejidades de reglamentos y a los centros de poder. Aun diciendo “mas no así vosotros” —refiriéndose al poder de gobernar de los reyes y autoridades —, lo que se creo desde muy temprano fue aquello que era común, no lo que era completamente inusual.

En la realidad, quien entendió el Evangelio y su significado,  sabe que el Cristianismo se tornó una perversión de la propuesta de Cristo, transformando el Evangelio puro y simple en una religión, con Dogmas, doctrinas, usos, costumbres, tradiciones con poder de inmutabilidad y mucha negociación con los hombres, en franca y pagana manipulación del nombre de Dios.

En el Cristianismo, Dios tiene Sus representantes fijos y ciertos en la tierra—el clero, sea Católico o Protestante—, tiene Sus doctrinas y Dogmas escritos por los concilios de hombres patrocinados por reyes, y tiene en la sabiduría del mundo su instrumento de elaboración de Dios: la teología.
 
De ese modo, en el Cristianismo, “Dios” no pasa de una ‘potestad  religiosa’ y de un poder mantenido por los hombres, estableciendo que se cree que sin el Cristianismo, Dios está perdido en El mundo.
El mundo conoció el Cristianismo, mas no tuvo mucha oportunidad de conocer el Evangelio, según Jesús y según las dinámicas libres y liberadoras del camino, de acuerdo con las narrativas de los evangelios, en las cuales la única invitación es para “seguir” a Jesús.

 Brasil, por ejemplo, está lleno de Cristianismo, y, paradójicamente, muerto de Evangelio.



 ¡EL CAMINO NO ES UNA REFORMA!


Entonces, y ¿la Reforma? ¿Para qué sirvió? ¿Cuál es su fruto, hoy?

Talvez  ¿no habrá llegado la hora de proponer una Nueva Reforma, tal como algunos la han idealizado?

No. Una Nueva Reforma es aun “remiendo de paño nuevo en vestido viejo”.

Buscar reformar el Cristianismo nada muda, visto que apenas se aplaza el compromiso radical que el Evangelio demanda.

El Evangelio no propone una religión, sino el Camino.

La Reforma Protestante eligió 95 tesis; sacó los ídolos del lugar  del culto, y los retiró de la devoción de los fieles; abolió el papado, acabó con buena parte del clero según el formato católico, y afirmó que
la Gracia, Cristo, la Escritura y la Fe eran los ‘pilares’ sobre los cuales la “iglesia” debería tener sus fundamentos. Sin embargo, la Reforma no se vio libre de las técnicas griegas de ‘hacer teología’ y su sistemática, y ni se privó del logicismo griego, antes los usó, a fin de de crear sus propios credos, dogmas, doctrinas y leyes morales. La Reforma es un Catolicismo que hizo Dieta. De hecho, el coraje que se demanda de esta generación es mucho mayor que aquella que hizo con que campesinos oprimidos por el papado de Roma tuvieron que tener a fin de iniciar la Reforma. Digo esto porque  ‘allí’ la mudanza, no era radical.

El Evangelio permaneció ‘aprisionado’ a
la Religión, y el coraje revolucionario que El demanda para vivir el proceso continuo de conversión y de no conformidad a este mundo, es aquel que se lanza al viento y camina por la fe.