INDICE
1. Agradecimiento y Presentación
2. Introducción: El Camino de la Gracia para todos
3. La Gracia es la
Ley del Camino
4. La libertad de ser en el Camino
5. La locura de la Cruz y el escándalo de la Gracia
6. El Camino de la experiencia comunitaria
según Jesús
7. El Encuentro en el Camino
8. El Camino vs. La institución
9. Conclusión: La Esperanza como Camino
10. Apéndice: El Evangelio en las
Escrituras y las Escrituras en el Evangelio.
Agradecimiento y Afirmación de Propósitos
de este Material
Este material fue creado a partir de textos
de mi pagina Web – www.caiofabio.net – y fue organizado por mi compañero del
Camino, Marcelo Quintela, que es mentor espiritual de la Estación del Camino en Santos / SP. Por lo tanto, por encima de todo, quiero
agradecer a Marcelo por haber organizado este trabajo, que esperamos sirva de
base de conciencia para todos los que desean caminar junto con aquellos que
entendieron el Evangelio como Comunidad en el Camino.
En El,
Presentación:
Antes de cualquier cosa quiero decir, en el
nombre de Jesús, que siendo un pecador entre todos los pecadores de la Tierra, ni por eso puedo negar que Dios habita en mi y que de El recibo la
Luz. Doy a conocer a mis amados hermanos que encontré y conozco a nuestro
Señor Jesucristo—Dios Con Nosotros—, a Quien el Padre constituyó como mi
Salvador por Su exclusiva Gracia, hoy y para siempre.
El contenido que sigue es una especie de “presentación”
a los que llegan a las Estaciones del Camino de la Gracia. Es fruto de la necesidad de dar a conocer en lo que se fundamenta nuestra
experiencia de fe personal y comunitaria en la Tierra, en la expectativa de
confrontar
mentalidades distorsionadas y generar alegría
y fuerza en el corazón de quien ganó la convicción interior de la Buena Nueva en Cristo.
¡Buena Lectura!
INTRODUCCION: EL CAMINO DE LA GRACIA PARA TODOS
“Así que, hermanos, teniendo libertad para
entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y
vivo que el nos abrió a través del velo, esto es de su carne” (Hebreos 10.19, 20)
La gracia de Dios en Cristo no se resume a
una doctrina, no es una teología, no es un fundamento bíblico para ser
asimilado intelectualmente, no es mera aglutinación de conocimiento teórico.
No. Pensar en la
Gracia como esas categorías nada
traduce acerca del Evangelio. Hasta podemos conceptuar el Amor Incondicional de
Dios, no obstante, ese amor solo será aprendido si fuere ¡experimentado!
Por consiguiente, la Gracia es don de Dios, recibida por la fe (que también es Gracia, pues es
fruto del trabajo del Espíritu Santo en la conciencia humana), por la
revelación de la
Verdad, que es Cristo Jesús: el
Cordero sacrificado en la eternidad por culpa de toda la creación, antes que
hubiese mundo. El se manifestó através de Su encarnación, muerte, resurrección
y ascensión encima de todas las cosas, y,
fue El quien estableció que: por Su Gracia se puede tener Vida, ¡tanto
en esta existencia como en la Eternidad!
De ese modo, sépase que ¡la Gracia es todo y todo es Gracia!
Ningún paso rumbo a cualquier madurez
espiritual puede ser dado si no es en el camino de esa Gracia. Ya es evidente
que la llamada vida “cristiana” que acontece fuera del piso de la Gracia de Dios solo genera dolencias espirituales, psicológicas y
existenciales. Genera religión pero no sedimenta la paz de Dios. Genera
mudanzas de comportamiento pero no renueva el hombre interior. Puede generar
nuevos hábitos, pero no asegura un nuevo
corazón.
Paulo es el gran apóstol de la Gracia. De las 155 referencias del Nuevo Testamento a la gracia, 133 son de
el. La Gracia abre sus epístolas, la Gracia las concluye, y la Gracia es la nota principal de todo entre el comienzo y el fin. El termino
“gracia” proviene del latín “gratia” que es la traducción de “karis”, en
griego, que significa graciosidad, benevolencia, favor o bondad. Pablo coloca
charis con el significado de favor libremente concedido. Empleando el termino
especialmente para referirse a lo que Dios hizo por nosotros en Jesucristo y
por medio de el. Podríamos decir que la gracia es el amor de Dios actuando en
nuestro favor, dándonos libremente su perdón y su aceptación, de una vez por
todas.
“Donde el pecado abundó, sobreabundó la
gracia” Romanos 5.20
“…Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto
no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”
(Efesios 2.8, 9);
La
Gracia y solamente la Gracia Es y será siempre la base de nuestra relación con Dios. Todavía, los
cristianos se convierten un día a Jesús y en el día siguiente se creen
responsables ellos solos por las transformaciones que juzgan ser consecuencia de esa
conversión. A eso lo llaman de Santidad personal.
Pero, santidad personal es fruto de la
entrega al Amor Incondicional del Padre y no una base nueva. Si hay Gracia,
entonces, también hay santidad, que es fruto del Espíritu en nosotros: “Digo,
pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”.
No hay cualquier nueva base de crecimiento
sobre la cual se construye una vida espiritual victoriosa, pues tal esfuerzo
produce la obsesión de vencer por cuenta propia “el pecado que habita en mi”,
según Pablo. Entonces la certeza de la culpa nos acuesta en los brazos del
pecado. Y al no poder salir de ese ciclo infeliz el cristiano opta por la
hipocresía en el círculo “santo”, opta por la exhibición para sobresalir en ese
medio, y prefiere obedecer una lista de reglas de comportamiento para que quede
en “regla” con su conciencia religiosa, que es pagana, infantil, orgullosa y
meritoria, por ser toda fundamentada en Justicia Propia.
La ley de la Gracia invierte los polos de la Ética Religiosa: es el Descanso de la Fe que desemboca en la Obediencia Amorosa y no la obediencia que genera descanso. Tal obediencia a Deus se
expresa como respuesta de gratitud de aquel que recibió conciencia del amor de
Dios: “Quien me ama, guarda mis mandamientos; así como yo amo al Padre y guardo
Sus mandamientos. Y los mandamientos, son uno: que os améis unos a los otros
así como yo los amé.”
Una vez interiorizada, la Conversión remueve una montaña sin fin de culpas que fueron abolidas en
Cristo; no solamente las culpas como consecuencia de las acciones practicadas,
así como la culpa propia de mi esencialidad, porque yo soy un pecador por
naturaleza. Siendo así, el Pecado que está abolido es lo que yo soy y no lo que
yo hago, e incluso aquellas cosas que yo hago cuando cargo mas culpa de ellas,
menguan su poder destructivo sobre mi hasta que se ¡terminan! No obstante, esa
inclinación del espíritu solo se inicia cuando la persona se encuentra en ¡paz!
Sin el peso de la condenación, las compulsiones comienzan a mudar de
inclinación, surgiendo -por la confianza, que viene de la certeza en fe de que
todo está pagado – otra propensión, que solo se alcanza cuando se cree que la
condenación acabó para siempre en la Cruz de Cristo.
De esta forma, la santidad es resultado de
sentirse en paz en la Gracia cuando entiendo
por la FE que lo que soy en Cristo es lo que vale; esto para que yo pueda ir
siendo…a medida que crezco. Por consiguiente, santificación es el sobrenombre
del crecimiento de la conciencia en la Gracia dentro de
nosotros.
¿Por qué eso parece diferente de lo que
llamamos santidad en el medio cristiano?
Porque nuestra visión de santificación no
es bíblica sino pagana y llena de justicia propia. Si, lo que llamamos de
santificación es exactamente aquello que los fariseos enseñaban: ser celoso de
la ley o de lista basada en apariencias y esfuerzos propios. “Santo” para Jesús
es aquel que no juzga el prójimo; que anda más de una milla con el enemigo; que
da la capa para cubrir al adversario del frío; que no pasa de largo cuando ve
un hombre caído en el camino; que da agua con amor a los hermanos… como si
fuese el propio Jesús quien bebiese; que viste al desnudo, abriga al huérfano;
acoge al desamparado; abre el alma al hambriento y no se esconde de su
semejante.
Si, para el, el santo es quien cree; es
quien busca la verdad y la humildad.
Santidad, para Jesús es simplicidad y gratitud. Y, conforme a Jesús, el santo es
alguien libre para amar... Cuanto más santo se es, tanto mas cerca del prójimo
se queda y menos egoísta se hace el Ser. ¿Por qué? Bueno, porque aumentando la
conciencia en la
Gracia, aumenta en aquel que recibió la Gracia, la voluntad de conceder Gracia.
Es así, la Gracia obra la Ley del Amor: quien recibió perdón, perdona, quien recibió gracia,
derrama gracia, quien no fue juzgado, porque Jesús fue juzgado en su lugar, ese
tal no juzga: “Perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores”
LA
LIBERTAD DE “SER” EN EL CAMINO
“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”
“Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”
La
Gracia es la invitación de Dios para
que crezcamos como gente aun en esta vida. A ver, cuando mis hijos eran chicos,
yo los trataba con ley, aunque la gracia del amor fuese la razón de las reglas.
Pero, a medida que fueron creciendo e iba llegando el tiempo de los ritos de
transición –cuando para cada uno de ellos era implícito que el tiempo de la
“tutela paterna” estaba cesando - los fui dejando mas libres, en virtud de que
la estación de la “conciencia propia” estaba lista para abrirse en frutos de
auto comprensión.
Paulo dice que la Ley fue un tutor, un esclavo al servicio de la infantilidad de la
conciencia.
Sin embargo, cuando vino la “plenitud de
los tiempos” —la edad para ser adulto—, Dios envió a su Hijo, y nos dio la Nueva Alianza, la del evangelio de la Gracia; a fin de que
dejásemos de ser niños en estado de incapacidad necesitando de tutela
permanente, y nos tornemos hombres con conciencia propia. Esa es la Voluntad de Dios: ¡“hacernos conforme a Su Hijo Jesucristo”!
Si es así, el gran “problema” de la Gracia es la libertad que genera. Y libertad da pavor, nos deja sin piso,
da vértigo en el alma. Nadie quiere libertad, porque ella nos obliga a andar
con las propias piernas, nos concede la bendición de pensar, sentir, discernir
y de juzgarnos, haciéndonos profundamente auto concientes.
Conciencia presupone la preexistencia de
libertad, y, esta solo se manifiesta en plenitud cuando está debajo de la Gracia, pues es solamente en ella que se pierde el miedo de ser, ya que
sea lo que fuere, ¡“ninguna condenación hay”!
El problema es que la mayoría de las
personas piensa que la libertad induce al error. ¡Ningún error podría ser
mayor! ¡La Gracia no es compatible con la entrega de la vida a la práctica del pecado
y de la iniquidad! Libertad y Santidad no son antagónicas:
¿“Perseveraremos en el pecado para que la Gracia abunde?
Santidad es saber vivir todas las cosas
licitas, teniendo el discernimiento de saber lo que conviene y lo que edifica.
El santo vivirá por la fe. O sea: en confianza no en si mismo, sino en la Gracia. Y toda conquista interior que le venga, no es merito, sino de la Gracia de Dios sobre el. Y sobre tales conquistas el no se queda
alardeando con la boca, visto que, si son verdaderas, ellas serán percibidas
por el fruto de la vida, en amor y misericordia.
Por lo tanto, el camino de la Gracia no abre espacio al
libertinaje, tan solamente el de la libertad de ser, sin los miedos que son
resultado de las neurosis provocadas por la Ley o por las listas religiosas de –puedes-y-no-puedes.
Lo que los cristianos necesitan saber es
que No hay mejor lugar para conocer nuestra propia verdad a no ser en el suelo
de la Gracia de Dios, donde ¡no hay mas condenación para los que están en Cristo
Jesús! Hay solamente ¡aceptación y renovación! Primero, se percibe tal cual es;
después el Espíritu promueve sus frutos en nosotros, llenando la vida de paz,
alegría y amor.
Sin embargo, como paradoja, los creyentes
tienen miedo de verse como gente. Desde ese punto en adelante, la mayoría de
los cristianos confunde descanso y pacificación con el vagabundear existencial.
Crecer en entendimiento y experiencia de la Gracia de Dios en la presente existencia, nos demanda esfuerzo,
compromiso, y busca disciplinada de desarrollo interior, que es fruto del auto
examen y del auto discernimiento, tarea que seria insoportable sin un corazón
pacificado por la
Gracia.
Entonces, para corresponder cuanto antes a
la norma masificada, la gente hace artificial el mover de Dios, obrando en si
mismas una “transformación de ocasión”, una conversión para fines
eclesiásticos, una supresión de todo lo que choca la religión, una
espiritualidad “de fachada”, pero, compatible con el promedio comunitario.
Esa falsificación del lavar regenerador y
renovador del Espíritu se encarga de instituir mudanzas para fuera del ser,
exclusivamente de comportamiento, basadas en el hacer, y medidas por el
desempeño, sin su correspondiente interior de crecimiento en la Gracia y en la Verdad. Es la higuera sin frutos,
pero adornada de follaje, que camuflan la desnudez propia del otoño de la vida.
Sin embargo cuando el ciudadano se ve así,
habiendo Dios –en Su misericordia –
permitido que el caiga en si y,
finalmente, mirase para dentro, entonces lo que pasa es que el no se reconoce,
y ¡se asusta, se escandaliza, se choca, se culpa, se penitencia! No sabe porque
“después de tanto tiempo de evangelio” lo
que habita su interior son las mismas rabias, angustias y esclavitudes
de una vez, mas travestidas de “santidad exterior”; existen los mismos animales
vociferando rencores y prejuicios, solo que ahora legitimados por la
interpretación adaptada de la Biblia, que nos da a
entender que somos seres superiores, triunfalistas, una raza llena de meritos
en ser santa, un pueblo que se “¡cree”! por ser designado de propiedad
exclusiva de Dios, sin cualquier comprensión, en que dicha elección, ella es
fruto de Gracia pura, es anterior a nosotros mismos, siendo anterior a cualquier
cosa que hubimos hecho o dejamos de hacer, es anterior, incluso, a nuestro
propio nacimiento. Mejor dicho, todo eso es designio de Dios desde antes de la
fundación del mundo, cuando el Cordero fue inmolado para redención de todo ser
creado.
Por consiguiente, en el Camino de la Gracia, no llevamos ilusiones…no estamos esperando que nadie se transforme
en ángel, que nadie levite a 10 cm. del suelo ni
que sea llevado por el carruaje de fuego de la santidad que ya no consigue vivir en el mundo. Al
contrario, puedo afirmar que mi esfuerzo personal es en la tentativa de no
sorprenderme con nada más ya que no hay nada que usted haya hecho que, al
menos, potencialmente, no exista también en
mí. No tratamos con robots, ni con súper creyentes ufanos ni tampoco nos
interesamos por comportamientos rendidores solo para dar la sensación de que
todo está bajo control en la comunidad “vigilada”.
Ante eso, queda aquí declarado: Está
suspendido mi derecho de escandalizarme con cualquier cosa que sea cierto sobre
ti. Prefiero caminar contigo a partir de tus luchas y temores en lugar de
fingir que no traemos esas cosas embutidas en el núcleo de nuestras
tribulaciones y dramas de la vida.
El Camino, por lo tanto, está abierto a
todos: Somos “deudores” a hombres,
mujeres, adolescentes y jóvenes de todas las tribus; prostitutas, homosexuales,
bisexuales y transexuales; cobradores de impuestos, empresarios, estudiantes,
políticos y dueñas de casa, ateos, católicos, espiritistas y esotéricos, ricos
y pobres, intelectuales e ignorantes, casados, descasados, solteros,
amancebados, juntos, separados, divorciados, viudos… Y a todos los que se
encuentran careciendo de la Gloria de Dios porque
no conocen en sus corazones la conversión que el Evangelio realiza por medio de
la fe, a través de la Gracia de Nuestro Señor
Jesucristo – ¡único mediador entre Dios y los hombres!
LA
LOCURA DE LA
CRUZ Y EL ESCANDALO DE LA GRACIA – PARA LOS
CRISTIANOS
¡La Gracia es hoy el más escandaloso de todos los mensajes cristianos! Sin
embargo, el único mensaje que existe en Jesús es acerca de la Gracia eterna de Dios. Y la locura de la Cruz no debería ser loca para nosotros ni fuente de escándalo, ya que el
mensaje de la
Gracia es toda la enseñanza de la
vida de Jesús. ¡Es la Buena Nueva! ¡Es el espíritu
del Evangelio! De ese mensaje vienen todos los otros, pues toda
manifestación cristiana verdadera sobre la Tierra es la demostración práctica del amor de Dios sobre los hombres. Si
el amor es el mensaje ético por excelencia, vivirlo solo será, de hecho,
posible por medio de la conversión a la Gracia, en la cual nosotros respondemos con amor a Aquel que nos amó primero
y de forma absoluta e incondicional. No hay Amor sin Gracia. No hay Gracia sin
entrega al amor. !Dios es amor! Y amor es el fruto de la actuación del Espíritu
de la Gracia en nosotros.
Sin embargo, increíblemente nos parece rara
la Gracia de Jesús, nos asustamos con ella. Digo eso refiriéndome a los
cristianos, de cualquier vena del Cristianismo.
Y no habiendo entrega radical a la Gracia, pasamos a aceptar pasivamente y a tragar todo lo que lleva la
nomenclatura cristiana, aunque de Cristo poco tenga, visto haberse negociado a
Este que es el contenido más intrínseco del Mensaje.
¿Quien, sinceramente no se da cuenta que
nosotros, cristianos – somos hoy, en la mayor parte de los casos, la repetición
de los mismos contenidos contra los cuales Jesús, los profetas del Antiguo
Testamento, Pablo, los apóstoles y la Palabra se levantan en las Escrituras?
¡Hoy las personas se convierten a la
“iglesia”, no a Cristo! Es por esta razón que los contenidos del Evangelio de
Jesús están tan adulterados entre nosotros. Y peor: parecemos estar con los
sentidos embotados para esta percepción, de modo que lo que hoy se ve es una
caricaturización de Jesús. El Jesús que nos fue presentado es un “arreglo” del
Jesús de la “iglesia”, el cual es moldeado para que “parezca” con el grupo religioso al cual la persona
pertenece. Por lo tanto, el Jesús de la fe de la “iglesia”, en la mayoría de
las veces, es una fabricación hecha para validar las tesis del grupo. Y tal
Jesús, no hace nada de bueno o de malo que cualquier otra condición mental,
psicológica y cultural también no realice…La lectura del Evangelio que hacemos
es una “adaptación”. Y es también en “un
Jesús de tercera o cuarta mano” que cree la mayoría de las personas.
Puedo afirmar, con convicción y tristeza,
que en la iglesia evangélica actual, primero el individuo tiene que ser salvo
del “Jesús inventado”… Primero precisa ser salvo del Jesús de los evangélicos a
fin de conocer al Jesús del Evangelio.
¿Es un exagero tal deducción? Entonces,
permítase una reflexión honesta. ¿Y si Pablo estuviese presente en un año
electoral en Brasil? ¿Si viere y supiere de todas las negociaciones de
almas-votos que son hechas en el Nombre de Jesús? ¿Y si mirare por la
televisión la venta de todos los significados cristianos en objetos de energía
espiritual pagana? ¿Y si visitare una “iglesia” y viere filas de personas para
andar sobre sal grueso, o para zambullir
en aguas tonificadas del Jordán y a pasar por la Cruz de Jesús a fin de ganar un automóvil cero kilómetro como pago por
su creencia? ¿Y si el supiere ahora que la fe es un sacrificio que se expresa
en diezmos, como cambio de bendiciones por dinero, de sanidad por el sacrificio
de largas novenas y corrientes, que solo no son “quebradas” si la persona no
les afloja siempre algún dinero en el altar-bolsillo de los pastores? Lo que
repugnaría a Pablo, todavía, sería ver pastores ofreciendo la “sangre del
Cordero” –en cuyo caso es un jugo de uva
— y, según el anuncio, la persona debe ir al templo y llevar para casa
la “sangre del Cordero” a fin de ungir la casa de atrás para adelante y
adelante para atrás. La “Sangre del Cordero” no es más que lo que Jesús hizo en
la Cruz, pero, pasó a ser un fetiche, una regresión al paganismo mas
primitivo, una mágica de brujos, una blasfemia, una estafa satánica de los símbolos de una Verdad con la cual no
se juega impunemente.
De ese modo, Pablo vería atónito el regreso
de la fe evangélica a los tiempos de los cultos a Baal, a las imágenes de
escultura, a un tiempo donde ni sombra aun había de las sombras de las cosas
que estaban por venir —cosas que, incluso, perdieron la simbolización por causa
de ¡Jesús haber sido el cumplimiento de todas ellas!
¡La carta a los Hebreos fue escrita por
mucho menos! El escritor de Hebreos diría que están jugando con fuego ardiente
y consumidor y crucificando al Hijo de Dios no apenas por segunda vez, y sí
todos los días —haciendo de Jesús un
producto de negocio, haciendo que, de lo que fue hecho por El, de Gracia y de
una vez y para siempre, ¡sea algo a ser vendido por los vendedores ambulantes del engaño, en
repetidos sacrificios!
Dios mío, ¿!y si… Pablo viere!? Si, ¿si
Pablo nos visitare? ¿Qué epístola nos escribiría?
Ser evangélico para Pablo significaba tener
compromiso de fe y vida con el Evangelio de Jesús. Hoy, ser “evangélico” es
pertenecer a una “iglesia”, una institución religiosa que robó el derecho de
autor del término y se utiliza de el practicando una terrible “estafa”
simbólica.
Hoy, de manera general, cuando un
evangélico “evangeliza”, lo hace a fin de que la “iglesia” crezca como poder
visible. O sea: “evangelización” significa crecimiento numérico bajo el
pretexto de salvar almas del infierno.
Cuando Pablo evangelizaba, significaba
llevar personas a la conciencia de la Gracia salvadora de
Jesús y de la posibilidad de la experiencia de la libertad-salvadora, tanto en
la vida personal como en comunidad. Por lo tanto, el resultado no es el
surgimiento de un número mas para las estadísticas celestiales, mas ¡una nueva
criatura que el Espíritu de la Gracia, en Cristo, hace
nacer en el Nuevo Hombre!
De ese modo, si Pablo estuviere vivo hoy,
probablemente, el nos diría que ¡nosotros aun no somos convertidos, pues,
volvimos atrás, y adherimos a los contenidos que niegan la Cruz de Cristo!
La doctrina del Purgatorio es una verdad
existencial para todos los cristianos — ¡incluyendo protestantes y evangélicos!
Y ¿por que? Ahora pues, de entrada decimos a nosotros mismos que somos “salvos”
por la Gracia. De ahí en más, somos
“santificados” por la Ley. Pero, tal “santificación”
anula la Gracia, según Gálatas 2.21, “pues si por la Ley fuese la justicia, ¡entonces por demás murió Cristo! Como “y si por
GRACIA, ya no es por obras, de otra manera la GRACIA ya no es GRACIA, (Romanos
11.6); entonces, quedamos en un purgatorio existencial sobre la Tierra, porque, ni nos convertimos en hijos de la Gracia toda la vida ni nos entregamos a los rigores de la Ley con honestidad. De tal modo, no disfrutamos ni la salud y ni la paz
que viene de la
Gracia y tampoco, conseguimos vivir
por la Ley. O sea, vivimos en
permanente estado de transgresión y culpa. Y cuanto más existimos en ese
“purgatorio”, más orgullosos, rabiosos, arrogantes y malhumorados nos tornamos,
porque, en el corazón tenemos conciencia
de que no somos ni una cosa ni la otra: ni Gente de la Gracia y tampoco el Pueblo de la Ley.
Entonces, nos tornamos en ¡enfermos que
ofrecen sanidad! ¡Nuestro Cristianismo no se ve, no lleva ni los contenidos del Evangelio y tampoco se
parece con Jesús!
Jesús no vino al mundo para crear un Circo,
en algunos casos; una Penitenciaría, como en otros; un Estado Soberano, como el
Vaticano Católico y los “vaticanitos” de otros grupos cristianos; y ni tampoco,
un Hospicio, ¡como sucede en muchos casos!
En Cristo no tenemos que ser preacondicionados
por nada que no sea el fundamento de los Apóstoles
Y los Profetas, cuya Piedra Angular
responde por el nombre histórico de Jesús, de Nazaret.
En cuanto a la iglesia cristiana, sabemos
que ella no dejará de crecer en número y en poder terreno. ¡No! Sus templos
estarán llenos y su fervor religioso puede incluso aumentar, pero sépase que
ese Cristianismo nuestro no tendrá ningún mensaje del Evangelio a predicar a
las próximas generaciones (con sus complejidades psicológicas y espirituales),
a menos que se convierta radicalmente a la Gracia (no como una
doctrina-teológica-moral), si no ¡como la esencia de nuestra relación con Dios,
con el prójimo y con nuestro propio ser!
Nuestra esperanza es la posibilidad de El, generar conciencias liberadas del miedo de ser, pudiendo experimentar la Gracia de vivir en Cristo, sin los temores que hoy son tan bien administrados por la “iglesia”, en su obsesión de ser la “conquistadora” del mundo y de sus poderes — incluyendo almas humanas — aunque no ayude a las personas a tener un alma para gozar la vida en Dios y Dios en la vida, ¡aun en la Tierra!
EL CAMINO DE LA EXPERIENCIA EN COMUNIDAD, SEGUN JESUS
El término EKKLESIA sintetiza de forma
impresionante el ser Iglesia: Son los llamados para afuera. Sin embargo, en la
historia cristiana preponderó el camino inverso, aquel que torna los discípulos
en gente “llamada para adentro”, para dejar el mundo, para solo considerar
hermanos a los miembros del “club santo”, y a no buscar relaciones fuera de tal
ambiente. Y en ese contexto, irónicamente, pasamos a experimentar una
existencia cada vez menos interiorizada, cada vez menos atenta para lo que se
pasa en lo íntimo, y cada vez menos
reflexiva.
Mas, leyendo el evangelio, es difícil
concebir que Jesús soñase con aquello que después llamamos de “iglesia”.
¿Quien puede oír la enseñanza de Jesús, con
toda su desinstalación, con toda su movilidad, con todo el énfasis en la
igualdad de todos, con toda denuncia a los poderes religiosos, y con toda pertinencia a la vida —fuese para curar la
mente, el cuerpo o el espíritu; fuese para anunciar la destrucción del Templo como lugar de Dios; fuese para
“beatificar” samaritanos y “demonizar” religiosos sin corazón —;y, aun así,
imaginar que Jesús tiene algo que ver con lo que llamamos de “iglesia”, sea
aquella que se abriga en el Vaticano o sean aquellas que tienen tantas filiales
como pastores, obispos y apóstoles megalómanos existieren?
No se ve a Jesús tratando de crear una comunidad fija y cerrada, como también no percibo en Su espíritu cualquier interés en ese tipo de reclusión comunitaria.
No se ve a Jesús tratando de crear una comunidad fija y cerrada, como también no percibo en Su espíritu cualquier interés en ese tipo de reclusión comunitaria.
Iglesia, de acuerdo con Jesús, es comunión
de dos o tres... en Su Nombre… y en cualquier lugar…Iglesia, de acuerdo con
Jesús, es algo que sucede como encuentro con Dios, con el prójimo y con la
vida… en el “camino” del Camino.
Para Jesús el lugar donde mejor y más
propiamente se debe buscar al discípulo es en las puertas del infierno, ¡en
medio del mundo! En ese Camino, las mayores demostraciones de fe vienen de
afuera de la religión. Se ve que tanto “villanos arrepentidos” cuanto “reos confesos”
pueden encontrar su reposo. Por lo tanto, Sus discípulos son entrenados a
esparcir semillas, salar, a llevar amor,
a caminar en bondad, y a sobrevivir con dignidad en el camino, con todos sus
peligros y posibilidades (Lucas 10). Con demonios, tempestades, intereses
creados, certezas satánicas, exagero innecesarios, familiares en pánico, miedo
de traicionar, frágiles certezas de jamás traicionar, traición explícita, ¡negación
y muerte!
Sin embargo, más allá de todo eso, se ve
que en el Camino, cesan los vientos, se ablandan las ondas, se relativizan las
Leyes fijas del universo, los demonios saben quien es El y ¡quien somos en El!
Jesús es el Camino en movimiento en los
caminos de la existencia. Y sus discípulos son acompañantes sin jerarquía entre
ellos. En lo demás,... existen las multitudes..., las cuales Jesús organiza
apenas una vez, y esto, con el fin de
multiplicar panes. En lo que resta…ellas vienen y van… se quedan o no…vuelven o
nunca mas aparecen…les gusta o se escandalizan…se maravillan o les parece duro
el discurso…. Pero, Jesús no hizo nada para cambiar esto. El apenas sigue y
enseña la
Palabra, mientras sana a los que
encuentra.
¡No! Jesús no pretendía que Sus discípulos
fuesen mas hermanos entre si mas que todos los hombres.
¡No! Jesús no esperaba que la sal de la
tierra sea confinada a cuatro dignas paredes de un Salero Comunitario.
¡No! Jesús no desea sacar a nadie del mundo, de la vida, de la sociedad, de la tierra… mas apenas desea que seamos libres del mal.
¡No! Jesús no desea sacar a nadie del mundo, de la vida, de la sociedad, de la tierra… mas apenas desea que seamos libres del mal.
¡No! Jesús no dice “Yo soy el Club, la Doctrina y la Iglesia; y nadie viene al Padre sino por mi”
Así, en la iglesia de los llamados para
afuera, se camina y se encuentra con el hermano de fe y también con el prójimo
que no tiene fe… y todos son tratados con amor y simplicidad.
En Jesús, el discípulo es apenas un hombre
que ganó el entendimiento del Reino y vive como su ciudadano, no en una
“comunidad paralela”, más, en el mundo
real.
EL MODELO DEL CAMINO
¿Que es, entonces, que el Señor tenia en
mente cuando dijo a sus discípulos que permaneciesen en Jerusalén hasta que de
lo alto fuesen revestidos de poder?
Lo que sé es que Jesús esperaba que todo lo
que El había dicho antes acerca de cómo se debería proceder, de ciudad en
ciudad, fuese ahora vivido como una acción continua, en influjo, sin
interrupción, en un vaivén constante, y como un poder que nunca tuviese un
trono, ni una ciudad santa, ni un vaticano.
Lo que los cristianos necesitan saber es
que Jesús no era cristiano, y que tampoco quiso fundar el Cristianismo, ni
siquiera tuvo interés en algo que se asemejase a la civilización cristiana,
conforme nosotros la conocemos del 332 de nuestra era hasta hoy.
Jesús creo el camino de la fe en la gracia
y en el amor de Dios, lo que debería ser algo libre como el viento, y vivo y
móvil como el agua, algo muy, pero muy lejos de ser una propuesta religiosa.
Todo lo que Jesús quería era que los discípulos continuasen siendo discípulos, y que los apóstoles fuesen los siervos de todos; sin que nadie sea mayor, ni mucho menos, un lugar más santo o un centro de poder.
Jesús esperaba que el poder del Espíritu los hiciere salir sin asombro por el mundo, predicando la Palabra de la Buena Nueva, enseñando con simpleza a los discípulos a pertenecer a Jesús y sus propias casas y culturas. De ese modo, se tendría siempre un movimiento hebreo, creciente, progresivo, libre, guiado por el Espíritu y completamente semejante a lo que ellos habían vivido con Jesús durante el Camino, en aquellos tres años de camino que construyeron el Evangelio al aire libre, en las playas de Galilea, en los desiertos de Judea, en los pasajes por Samaria, en las tierras de Decápolis y en los confines de la Tierra.
Todo lo que Jesús quería era que los discípulos continuasen siendo discípulos, y que los apóstoles fuesen los siervos de todos; sin que nadie sea mayor, ni mucho menos, un lugar más santo o un centro de poder.
Jesús esperaba que el poder del Espíritu los hiciere salir sin asombro por el mundo, predicando la Palabra de la Buena Nueva, enseñando con simpleza a los discípulos a pertenecer a Jesús y sus propias casas y culturas. De ese modo, se tendría siempre un movimiento hebreo, creciente, progresivo, libre, guiado por el Espíritu y completamente semejante a lo que ellos habían vivido con Jesús durante el Camino, en aquellos tres años de camino que construyeron el Evangelio al aire libre, en las playas de Galilea, en los desiertos de Judea, en los pasajes por Samaria, en las tierras de Decápolis y en los confines de la Tierra.
Alguien, con razón, diría que tal proyecto
no sería posible, ya que nadie consigue vivir sin un centro de poder. Sin
embargo, parece que aun no se discernió que la invitación de Jesús es contraria
a toda lógica de poder, y no propone nada que no sea Hoy, y que no obliga a
nadie a pavimentar el futuro de Dios en la Tierra mediante la construcción de alguna cosa duradera.
Para Jesús, lo duradero era justamente
aquello que no se podría agarrar, ni fijar, ni puntuar, ni ser objeto de
visitas turísticas, dada su transitoriedad en un suelo marcado por las orinas de los
mandamases. El esperaba que los discípulos fuesen como el Maestro, y que
aquellos años de Camino no quedasen cristalizados en las páginas de los
registros de los evangelios, más que se tornasen un modo de ser de sus discípulos.
El poder de los discípulos, paradójicamente,
está en no tener poder. Y la invitación para que se muera a fin de que se tenga
vida, es también válida para la iglesia, que – al contrario del discípulo –
quiere mandar en la vida, y controlar a los hombres y el mundo. Así,
pretendiendo salvar su vida en este mundo, la iglesia no solo pierde su propia
vida, mas, deja de ganar el mundo.
Lo que Jesús quería era una multitud de seres que sean sal y luz esparciéndose sobre la tierra, disolviéndose en sabores y luces que solo se experimentarían, pero que jamás se tornare una Salitrera o una Usina de luz cristiana, a ser visitadas por los curiosos.
El reino es como el fermento escondido...hasta que se impregna en toda la masa humana....sin nadie saber como...y sin que nadie pueda dar gloria a nadie más, a no ser al Padre que está en los cielos.
A propósito, la propuesta de Jesús es tan
extraordinaria, que la voluntad de aparecer no puede resistirla. La sal, por
ejemplo, fue usada por Jesús como metáfora de esa “desaparición” de la iglesia
en la tierra.
Todo lo que a El asocia a la metáfora de la sal es al sabor, y nada más. La sal tiene que tener sabor, sino ya no sirve para nada. Y para que la sal sale y de sabor, de hecho, tiene que disolverse en los elementos que reciben su beneficio. La sal solo sala cuando muere como sal visible y se torna apenas gusto, presencia, condimento, realidad y beneficio, aunque nadie pueda decir donde está, pudiendo apenas decir: está en la cacerola. ¿Dónde más?
Todo lo que a El asocia a la metáfora de la sal es al sabor, y nada más. La sal tiene que tener sabor, sino ya no sirve para nada. Y para que la sal sale y de sabor, de hecho, tiene que disolverse en los elementos que reciben su beneficio. La sal solo sala cuando muere como sal visible y se torna apenas gusto, presencia, condimento, realidad y beneficio, aunque nadie pueda decir donde está, pudiendo apenas decir: está en la cacerola. ¿Dónde más?
Ya la luz del mundo — ¡sois vosotros! —,
debería ser la acción continua de la bondad y de la misericordia, de modo
discreto, pero pleno de efectividad; de tal modo que los “de afuera”, que al
recibir los beneficios de la luz, pueden discernirla como buenas obras, y así,
ellos mismos, agradecen a Dios por los hijos de la misericordia que El esparció
por la tierra.
Lo que Jesús propone como simplicidad
total, sin embargo, luego dio lugar a las complejidades de reglamentos y a los
centros de poder. Aun diciendo “mas no así vosotros” —refiriéndose al poder de
gobernar de los reyes y autoridades —, lo que se creo desde muy temprano fue
aquello que era común, no lo que era completamente inusual.
En la realidad, quien entendió el Evangelio
y su significado, sabe que el Cristianismo
se tornó una perversión de la propuesta de Cristo, transformando el Evangelio
puro y simple en una religión, con Dogmas, doctrinas, usos, costumbres,
tradiciones con poder de inmutabilidad y mucha negociación con los hombres, en
franca y pagana manipulación del nombre de Dios.
En el Cristianismo, Dios tiene Sus
representantes fijos y ciertos en la tierra—el clero, sea Católico o
Protestante—, tiene Sus doctrinas y Dogmas escritos por los concilios de
hombres patrocinados por reyes, y tiene en la sabiduría del mundo su
instrumento de elaboración de Dios: la teología.
De ese modo, en el Cristianismo, “Dios” no pasa de una ‘potestad religiosa’ y de un poder mantenido por los hombres, estableciendo que se cree que sin el Cristianismo, Dios está perdido en El mundo.
De ese modo, en el Cristianismo, “Dios” no pasa de una ‘potestad religiosa’ y de un poder mantenido por los hombres, estableciendo que se cree que sin el Cristianismo, Dios está perdido en El mundo.
El mundo conoció el Cristianismo, mas no
tuvo mucha oportunidad de conocer el Evangelio, según Jesús y según las
dinámicas libres y liberadoras del camino, de acuerdo con las narrativas de los
evangelios, en las cuales la única invitación es para “seguir” a Jesús.
Brasil, por ejemplo, está lleno de
Cristianismo, y, paradójicamente, muerto de Evangelio.
¡EL
CAMINO NO ES UNA REFORMA!
Entonces, y ¿la Reforma? ¿Para qué sirvió? ¿Cuál es su fruto, hoy?
Talvez
¿no habrá llegado la hora de proponer una Nueva Reforma, tal como
algunos la han idealizado?
No. Una Nueva Reforma es aun “remiendo de paño nuevo en vestido viejo”.
No. Una Nueva Reforma es aun “remiendo de paño nuevo en vestido viejo”.
Buscar reformar el Cristianismo nada muda,
visto que apenas se aplaza el compromiso radical que el Evangelio demanda.
El Evangelio no propone una religión, sino el Camino.
La Reforma Protestante eligió 95 tesis; sacó los ídolos del lugar del culto, y los retiró de la devoción de los fieles; abolió el papado, acabó con buena parte del clero según el formato católico, y afirmó que la Gracia, Cristo, la Escritura y la Fe eran los ‘pilares’ sobre los cuales la “iglesia” debería tener sus fundamentos. Sin embargo, la Reforma no se vio libre de las técnicas griegas de ‘hacer teología’ y su sistemática, y ni se privó del logicismo griego, antes los usó, a fin de de crear sus propios credos, dogmas, doctrinas y leyes morales. La Reforma es un Catolicismo que hizo Dieta. De hecho, el coraje que se demanda de esta generación es mucho mayor que aquella que hizo con que campesinos oprimidos por el papado de Roma tuvieron que tener a fin de iniciar la Reforma. Digo esto porque ‘allí’ la mudanza, no era radical.
El Evangelio permaneció ‘aprisionado’ a la Religión, y el coraje revolucionario que El demanda para vivir el proceso continuo de conversión y de no conformidad a este mundo, es aquel que se lanza al viento y camina por la fe.
El Evangelio no propone una religión, sino el Camino.
La Reforma Protestante eligió 95 tesis; sacó los ídolos del lugar del culto, y los retiró de la devoción de los fieles; abolió el papado, acabó con buena parte del clero según el formato católico, y afirmó que la Gracia, Cristo, la Escritura y la Fe eran los ‘pilares’ sobre los cuales la “iglesia” debería tener sus fundamentos. Sin embargo, la Reforma no se vio libre de las técnicas griegas de ‘hacer teología’ y su sistemática, y ni se privó del logicismo griego, antes los usó, a fin de de crear sus propios credos, dogmas, doctrinas y leyes morales. La Reforma es un Catolicismo que hizo Dieta. De hecho, el coraje que se demanda de esta generación es mucho mayor que aquella que hizo con que campesinos oprimidos por el papado de Roma tuvieron que tener a fin de iniciar la Reforma. Digo esto porque ‘allí’ la mudanza, no era radical.
El Evangelio permaneció ‘aprisionado’ a la Religión, y el coraje revolucionario que El demanda para vivir el proceso continuo de conversión y de no conformidad a este mundo, es aquel que se lanza al viento y camina por la fe.